domingo, enero 13, 2008

Dostoievski y Cantinflas


Quizá la comparación resulte forzada o muy artificial, o quizá sencillamente no existan puntos comunes que relacionen a estos dos artistas. Sin embargo, las contradicciones humana son tan ricas y variadas que sí acogen detalles de similitud y divergencias. Donde hay diferencias (y siempre las hay) es posible la comparación.

Por cierto, referirnos a Cantinflas provoca una sonrisa emparentada con el humor, incluso con lo cómico. Conocemos de sus sabrosas películas, pero resulta difícil imaginar qué de común tiene Cantinflas con ese genio intenso y dramático que es Dostoievski. El cómico mexicano explora los ámbitos del ridículo y de las situaciones absurdas a partir de elementos cotidianos. Sus personajes reflejan al hombre, en sus actitudes diarias, con su lenguaje popular, exagerándolo, agrandando el ridículo hasta límites seriamente insoportables y provocando finalmente la sonrisa o la carcajada. Dostoiwvski es más radical en su retrato del hombre; en él sólo pueden expresarse personajes torturados y abrasados por pasiones demasiado frenéticas para ser vividas por un solo hombre. Tanto Raskolnikof, el príncipe idiota o los hermanos Karamazov, e incluso los espectrales personajes de “Los Demonios”, reflejan al hombre atravesando intensidades del dolor y de la angustia. Y es aquí donde se perfila el parentesco psicológico entre los personajes de Cantinflas y los de Dostoievski.

La situación y la actitud del personaje son los siguientes: al momento de expresarse, el personaje duda: en Cantinflas habla incansablemente, presa del caos, mientras que en Dostoievski piensa muchísimo pero habla diferente de lo que quiere. En ambos la expresión de sus ideas es traicionada por el miedo, la duda, la angustia, y es esta angustia la que sentimos cuando el personaje de Cantinflas intenta explicarse con claridad pero se enreda en el juego de sus propias palabras, y lo mismo acontece con los personajes dostoievskianos, que buscan una dirección a su discurso y finalmente se ven traicionados por el temor, la torpeza o la sinceridad.

Pero mientras en Cantinflas esta situación provoca la risa, en Dostoievski en cambio asistimos a un dramatismo insuperable. En el primero la risa borra la espera angustiosa, mientras que en el segundo la angustia permanece como testimonio del sufrimiento humano en su plena desnudez.

Quizá esta reflexión nos haga pensar en asomos de absurdidad que invadirían la literatura en el presente siglo, pero más que semejanzas, vemos una apreciable diferencia digna de destacarse como visión del mundo: que, tanto para Dostoievski como para Cantinflas, pese a sus ideas políticas, lo absurdo en el hombre es un momento de su historia, superable, reversible y capaz de transformarse, mientras que para la tradición del absurdo literario la existencia misma es el absurdo y en esencia ni la vida misma vale la pena de ser vivida.