martes, enero 15, 2008

SIMPLICIUS SIMPLICISSIMUS: Genio barroco


Hace más de tres siglos (en 1668) el hijo de un panadero, de nombre Hans Jacob Christoffel von Grimmelshausen, publicaba en Alemania la novela más importante del barroco alemán del siglo XVII: “El Aventurero Simplicissimus: la narración de la vida de un curioso vagabundo apodado Melchior Sternfels von Fuchshaim, de dónde y de qué manera vino a este mundo, de lo que aquí vio, aprendió, vivió y sufrió, y también de cómo voluntariamente renunció a él. Sobremanera divertido y muy provechoso de leer”.

¿Qué de extraordinario tiene esta novela, que al ser publicada su éxito fue inmediato y fulminante y reeditada cientos de veces, y provocó el fervor de amplios sectores populares, y luego, también, de artistas de la talla de Heine, los hermanos Grimm, Lessing, Leibnitz Goethe, Thomas Mann (inspirándose en ella mientras escribía “Doctor Faustus”), Brecht (quien basó su “Madre Coraje” en la original – Courasche” de Grimmelshausen), Enzenshberger, Guimaraes Rosa? Para los críticos no es fácil ubicarla. Se llama a Grimmelshausen el autor atípico del barroco alemán, porque su novela, al participar de los géneros picaresco, edificante, moralista, religioso, maravilloso, didáctico, etc., se adelanta a la polifonía vajtiniana y establece justamente esa atipicidad propia de las obras mayores de la literatura universal.

La vida de Grimmelshausen tiene lagunas y puntos interesantes. Nace en las cercanías de Francfort del Meno en 1622, dentro del protestantismo, y muere en 1676 como católico. Es necesario destacar la militancia religiosa porque ella, en el mundo feudal de entonces, fue la chispa ideológica (no política) de la famosa Guerra de los Treinta Años (1618-1648) entre católicos y protestantes.

Vive entre soldados y guarniciones, su ciudad es arrasada, es hecho prisionero, se hace soldado, se casa al término de la guerra y luego se hace funcionario. Crece en la guerra, se educa en la vida. Su única instrucción parece ser los estudios primarios, y en general resulta autodidacta. Su biografía es impropia de un escritor. Sin embargo, con tan poco tiempo, desbordante de trabajo, publica más de veinte libros en poco menos de diez años.

De todas sus obras sólo permanece una, con su vitalidad contagiante y su barroquismo popular: Simplicius Simplicissimus. En ella vibra la guerra europea, pero no tiene nada que ver con el heroísmo o la gloria. Al contrario: la guerra es vista en todos sus horrores, crímenes y atrocidades. “Las gloriosas hazañas de los héroes serían muy de alabar si no se hubieran conseguido con el hundimiento y daño de otros hombres”, apunta el autor.

El héroe de la novela, debido a su simplicidad y sencillez, es llamado Simplicius por un ermitaño que lo ha recogido luego del pillaje de los soldados. Aprende a leer y escribir, y, una vez muerto su protector, sirve a un gobernador que lo convierte en estúpido bufón. Luego huye y tras intensas vicisitudes en plena guerra se hace soldado, ladrón, salteador de caminos, como todos los soldados en general. Bajo el principio de que “la guerra se sostiene a sí misma”, los campesinos deben soportar todos los ultrajes y explotaciones. De ingenuo e infantil, Simplicius se transforma en el temible Cazador de Soest, entregado a todos los desenfreno y crímenes.

Su suerte sufre altibajos. Se casa, viaja a París y sostiene divertidos lances amorosos. Cae en desgracia, huye, se hace curandero, mosquetero, merodeador y finalmente, tras una peregrinación con un viejo amigo, se instala en la Selva Negra, donde conoce su noble cuna y se vuelve a casar. Viaja a Moscú y luego al fondo de los lagos, conversa con los seres submarinos y uno de ellos, adelantándose a un tópico marxista, le dice que “no tenían un rey para que les dictara justicia o para obligarles a que le sirvieran, sino para que les dirigiera en sus negocios y empresas”. Simplicius regresa a casa y se vuelve ermitaño.

Este argumento, tan apretado como arbitrario, retrata las andanzas de Simplicius Simplicissimus (que después descubre llamarse Melchior Sternsfels von Fuchshaim) y todas las peripecias de la guerra. No debemos olvidar que al final de esta Alemania había perdido la mitad de su población, zonas enteras fueron arrasadas y la economía del país quedó en ruinas. Las implicancias de la novela, y sus interpretaciones, son variadas y complejas.

Pero una de ellas sobresale nítidamente y sirve de talón de fondo para comprender a cabalidad la permanencia vital de la obra. Se trata de su punto de partida. Hay una canción en la novela que dice: “¡Oh, desdeñada clase campesina,/ eres tú lo mejor que hay en la tierra!/ No deja nunca el hombre de elogiarte/ en cuanto fija su atención en ti”.

En efecto, Grimmelshausen es un autor popular, crecido y formado en el pueblo y para el pueblo. Es enemigo de los intelectuales exóticos que imitan la moda y costumbres cortesanas. Sólo él, y pocos más, extraen sus personajes literarios del pueblo y no de la corte o la ciudad; ellos son más bien antihéroes que jamás asistieron a escuelas, universidades ni salones. También su lenguaje es popular, tan vivo y tan cercano que Hans Magnus Enzensberger opina que “no tiene precedentes en la tradición; está acuñado con frescura y ha conservado hasta hoy su brillo intacto… Si se le escucha, uno casi no puede creer que es de la misma edad que el palacio de Versalles…”

Grimmelshausen copiaba el lenguaje de la gente y sus formas estilísticas, y aplicaba numerosos dialectos alemanas que dominaba con soltura.

Este punto de partida es lo que también sienta las bases para las obras de Homero, Bocaccio, Rabelais, Shackespeare (que se debatía entre la literatura clásica, la popular y la moderna y entre un público reducido). Pese a su posición de escritor autodidacta, Grimmelshausen estructura su novela en base a los principios aristotélicos. Su parangón no puede ser otro que El Quijote…, con el que da inicio a la gran literatura de sus países de origen. El Simplicius Simplicissimus, en Alemania, supone el comienzo de la novela moderna, el auge del género picaresco alemán y el triunfo inobjetable del arte popular.